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08 oct 2025

Ondas de sonido abren una nueva era en el tratamiento del cáncer

Durante años, el ultrasonido ha sido una herramienta clave para observar el interior del cuerpo humano, pero ahora la tecnología de ondas sonoras de alta frecuencia está marcando un cambio radical en la forma de tratar el cáncer, ofreciendo alternativas no invasivas para eliminar tumores.

La historia comenzó a inicios de los 2000, cuando Zhen Xu, entonces estudiante de doctorado en ingeniería biomédica en la Universidad de Michigan, buscaba una manera de eliminar tejido enfermo sin cirugía. Su idea consistía en utilizar ondas de ultrasonido enfocadas para desintegrar mecánicamente las células dañadas. Durante sus pruebas con corazones de cerdo, un incidente fortuito la llevó a un descubrimiento que cambiaría el rumbo de su carrera.

Xu usaba un amplificador tan potente que el ruido comenzó a molestar a sus compañeros de laboratorio. Para evitar las quejas, aumentó la frecuencia de los pulsos ultrasónicos, lo que sacó el sonido del rango audible. Para su sorpresa, este ajuste no solo eliminó el ruido, sino que potenció el efecto en el tejido, logrando perforar el corazón del animal en menos de un minuto. “Pensé que estaba soñando”, recordó la científica, hoy profesora en la misma universidad.

De ese hallazgo accidental nació una técnica conocida como histotripsia, que consiste en dirigir ondas de ultrasonido a una zona específica del tumor. Estas ondas generan diminutas burbujas que se expanden y colapsan en fracciones de segundo, destruyendo las células cancerosas. El propio sistema inmunológico del paciente se encarga de eliminar los restos del tejido dañado.

El procedimiento es rápido, no tóxico y completamente no invasivo. De acuerdo con la empresa HistoSonics, la mayoría de las sesiones duran entre una y tres horas, y los pacientes suelen regresar a casa el mismo día. En muchos casos, un solo tratamiento basta para eliminar el tumor, aunque los de mayor tamaño pueden requerir varias sesiones.

Pese a sus prometedores resultados, los expertos advierten que aún faltan estudios a largo plazo para conocer los riesgos y la posibilidad de que las células destruidas puedan desplazarse a otras zonas del cuerpo. No obstante, las investigaciones en animales no han mostrado indicios de ese problema, lo que mantiene viva la esperanza de que la histotripsia se consolide como una nueva frontera en la lucha contra el cáncer.